Lo que dan vale oro…

Ayer se me quebró la voz y no pude contener unas lágrimas. Los sábados realizo mis actividades pastorales en un caserío llamado Batán a una hora del seminario en que vivo.

La celebración de la Palabra la tenemos en la noche, momento en que ya han terminado las labores del campo, aunque con el inconveniente de que no tenemos luz, pero ayer sí que brilló y fuerte, muy fuerte. Celebrábamos ya la fiesta del Cuerpo de Cristo y para ello habíamos dicho que como un gesto cada familia trajera una ofrenda de lo que ellos producen o tienen, lo hice con algo de temor porque me decía: si casi no tienen nada, pero les dije claramente que solo si podían y si no pues no pasaba nada, que tenía más valor presentar sus propios sufrimientos y dolores al Señor.

Grande fue mi sorpresa cuando después de leer el Evangelio y una breve reflexión les pedí que pusieran al pie del altar lo que habían podido traer sea material o espiritual. Las velas parecían encenderse más cuando uno a uno, desde los más pequeños hasta los más viejitos se acercaban y dejaban lo poco tenían: unas yuquitas, una papaya, una planta de cacao… Se me quedó grabado el rostro de Ernesto, un joven que tiene epilepsia y vive solo con su mamá, una viuda anciana que está por perder la vista, dejaba su ofrenda con tanto cariño y alegría que de verdad iluminaba la capilla.

Cuando tuve que hacer la oración sobre las ofrendas como acción de gracias no pude contener la emoción y solo atiné a decirles lo que con el lema que asumimos este mes hacían realidad esa noche: “Cuerpo de Cristo en el pan de la Tierra”. Nos dimos todos un fuerte abrazo y parecía hacerse realidad lo que les decía a ellos al comenzar la celebración: Si estamos cansados del camino, si la humillación y los problemas nos agobian, Él es descanso donde podemos al final de la jornada reponer nuestras fuerzas para seguir caminando”.

Al terminar repartimos lo reunido entre dos de las familias más necesitadas en el caserío y así terminamos cantando y dando gracias por tener la oportunidad de compartir desde la sencillez y la pobreza, pero me quedó muy claro: lo que dan vale oro.