“El Evangelio en tiempos de Facebook” publica periódico del Vaticano

L’Osservatore Romano publicó un artículo firmado por Cristian Martin Grimaldi en el que habla acerca de la amistad y los principios de esta red social viendo en ellos factores para favorecer si uno así la quiere la cercanía y amistad; cómo es que facebook puede favorecer el optimismo. A continuación la traducción del artículo (1), puede consultar el original italiano en este enlace:

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Facebook, la “social network” más popular del mundo, está dotada de diversas herramientas para el mantenimiento y enriquecimiento de un estatus amistoso mutuo, como es sabido. En general, en cambio, no se plantea la cuestión de que las dinámicas de relaciones se basen exclusivamente en “feedback positivos” (pulgares arriba, compartir) y no prevean opciones de desaprobación instantánea. ¿Acaso es posible que los creadores de la “network” se hayan dejado inspirar por el más tradicional, pero a todos los efectos actualísimo, principio de “no hacer a los demás lo que no desearías que te hicieran a ti”?
¿Es posible que nuestras “amistades” se consideren tan frágiles como para sucumbir a la mera interceptación de un “feedback” negativo? ¿Por qué, por ejemplo, se recibe una “notificación” sólo cuando alguien ha hecho amistad con nosotros u otros, pero no cuando una amistad se trunca inopinadamente? El sistema así concebido tiene verdaderamente sus buenas razones de ser. Razones que se inspiran precisamente en el consentimiento recíproco, a fin de difundir optimismo en el uso de la herramienta y por lo tanto de ejercer cada vez mayor (y positivo) ascendiente sobre todos nosotros: en sustancia, para aumentar el propio poder económico. ¿Qué sería, de hecho, de la concurridísima “social network” si de golpe todos los participantes empezaran a recibir públicamente notificaciones de la pérdida de amigos? Pérdida, obviamente, decretada de modo unilateral.
 
Para trabar amistad hay que ser dos; para dejarla basta con la voluntad de uno. Es probable, visto el uso compulsivo de estas plataformas, que de otra forma se desencadenaría un alboroto colectivo, alimentado de envidias recíprocas, conflictos sin sanar, pequeñas rivalidades adormecidas pero listas para estallar con toda una serie de venganzas en cadena: “post” de odio manifiesto, peticiones de clarificación recíproca por parte de amigos comunes, revanchas de enemistad hacia quien la ha cancelado con el amigo común, y así sucesivamente.
 
Todas violencias simbólicas, afortunadamente , pero con efectos reales, posiblemente tangibles en breve, visto que todos, antes o después, se desconectan de lo virtual y en lo real se encuentran. O incluso, en un incontrolable torbellino vicioso de desdenes recíprocos —sintetizados por minúsculas (pero potencialmente de verdad funestos) “thumbs down” (“desaprobaciones” o “pulgares abajo”)—, se podría hasta llegar a una dimisión en masa de los propios altarcitos virtuales. Y no como forma de protesta respecto a las mencionadas (sólo imaginadas) opciones de desafecto recíproco, sino precisamente, tal vez, por la recordada insostenibilidad psicológica del medio.
 
Esto, a todos los efectos, se convertiría en el respiradero colectivo de ojerizas y rencores que todas las amistades, por largas que sean, y probablemente con mayor razón si son de largo recorrido, llevan consigo, inevitablemente. En resumen, los programadores de Facebook —un sistema que interconecta a cientos de millones de personas en todo el mundo—, bien instruidos por administradores y pensadores que han creado y “educado” este sistema, han discurrido bien inspirando el corazón de su máquina “amigadora” en la receta más antigua para una sana economía: infundir el mayor optimismo posible.
 
Será casualidad, pero todo ello se corresponde también con el principio más antiguo que la humanidad haya conocido de amor al prójimo: “Todo lo que deseéis que los demás hagan por vosotros, hacedlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas”, dice Jesús en el sermón de la montaña (Mateo 7, 12). Y para hacer más eficaz la enseñanza evangélica, quien se halla tras Facebook ha juzgado bien al no dotarnos siquiera de herramientas que nos tienten. Es como decir: ¡larga amistad a todos!
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(1) El resaltado en negrita y subrayado es nuestro.